El poder del 'ser'
- Laia Sastre

- 7 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Lecciones de una hacedora de toda la vida
¿Pasas la mayor parte de tu tiempo haciendo o siendo?
Durante casi toda mi vida —y especialmente en mi trabajo—, el hacer ha sido mi ritmo natural. Como tipo 1 en el eneagrama, casi podría decir que es mi superpoder: dar orden a las ideas, traducir la visión en sistemas, convertir los planes en progreso.
Detrás de cada estrategia o plan de mejora empresarial, por ejemplo, siempre llega el momento en que las ideas deben hacerse realidad —y ahí es donde florezco.
Hacer vs ser
Siempre he sido una persona de acción por naturaleza. La que planifica; la que arregla; la que sistematiza; la que finaliza sus proyectos; la que impulsa las cosas hacia adelante.
Pero a medida que he evolucionado y he aprendido a frenar lo suficiente como para escuchar lo que hay dentro de mí, me he dado cuenta de algo simple que está transformando mi vida: ser importa tanto (o más) que hacer.
Estar presente.
Ser coherente con mis valores.
Vivir con consciencia.
Ser intencional con la energía que pongo en cada cosa.
Esta consciencia está suavizando mi exigencia interna como profesional y como persona — y también ha cambiado por completo mi manera de entender la productividad.
Porque, tanto en los negocios como en la vida, no todo el mundo lidera desde la misma energía. Algunas personas fluyen en la acción —en el movimiento, en hacer que las cosas pasen. Otras aportan su magia desde el ser —desde la reflexión, la empatía o la calma en medio del cambio.
Cuando aprendes a honrar ambas —en ti y en tu equipo—, ocurre algo precioso. Dejas de forzar la alineación y empiezas a crearla.
Como se presenta en el día a día
En estos momentos lo estoy viendo con una clienta: una empresa en crecimiento que está afinando sus sistemas de gestión de proyectos y finanzas. ¿La parte técnica? Para mi, fácil. ¿La parte humana? Esa es algo más desafiante, y donde ocurre la verdadera transformación. El cambio puede ser incómodo porque cuestiona nuestra forma de hacer —pero con conciencia, empatía y espacio para ser, puede elevar nuestra forma de crecer como equipo.
Y lo mismo sucede en mi vida personal, por ejemplo, con mi familia. Cuando mi hija mayor a los 4 años me hizo una tarjeta por el día de la madre y su profe le preguntó qué es lo que más le gustaba de su mamá, ella respondió cosas como: “cocina”, “me acuesta”, “me abraza”. Todas eran acciones, haceres.
Ahora, a medida que crecen, el hacer se vuelve la parte fácil. Lo que me representa un desafío es reducir la cantidad de cosas que hago para poder enfocarme más en el ser: descansar cuando lo necesito; permitirme momentos para mirar las nubes mientras respiro o para meditar; estar presente cuando conversamos; dar abrazos con intención. Sin embargo, sé que ese es el camino. ¿Por qué? Porque siento más paz y serenidad, soy más paciente, siento más bienestar. Y cuanto más hago esto, más conectada estoy conmigo misma, y con mis hijas. Y por ello, intento hacer esas cosas con ellas o invitarlas a hacerlo.
Hacer mantiene las cosas en movimiento.
Ser las mantiene alineadas.
El liderazgo consciente, en casa o en el trabajo, necesita de ambos. Pero sobre todo, necesita del ser para poder hacer con más intención.
Gracias por leerme 💜
Laia







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